lunes, 29 de noviembre de 2010

Presentación de la segunda edición de la novela Árbol al filo del desierto, en el Salón Simón Bolívar del Centro Cultural Itchimbía, 24/Nov/10



Árbol al filo del desierto, el tránsito irremediable hacia la muerte




Por Cecilia Velasco Andrade




Conocí a Nicolás Jiménez a través de mi padre, Milton Velasco, un obrero católico ilustrado. El mismo Milton Velasco me contaba que por las piscinas heladas de El Sena andaba pidiendo "algo de platita" el poeta César Dávila Andrade. Nicolás Jiménez era uno de esos nombres que sonaban en boca de mi padre, cerca de los de otros compañeros de organizaciones católicas cada vez más orientadas hacia movimientos demócrata-cristianos o, incluso, socialistas y de abierta izquierda. Si por la novela pudiéramos conocer algo sobre la ideología de su autor, nos atreveríamos afirmar que ve el mundo desde una postura vital escéptica e irónica, alejado de la fe en la utopía y la redención personal y social.


Con el pasar de los años, me he ido encontrando con Nicolás Jiménez en diversas ocasiones. Una de las más memorables es cuando lo descubrí como director del Taller Escuela Bernardo de Legarda, auspiciado por el Banco Central del Ecuador, cuya misión fue mantener un centro de educación en el que maestros talladores, escultores, pintores perpetuaran la tradición de la Escuela de arte quiteña. Lástima que tal institución haya debido desaparecer. Luego, lo he visto unas pocas veces, encerrado en su oscuro rincón, una minúscula tienda de Antigüedades, a la que también han ido a parar las menos prestigiadas, los objetos de uso de los viejos tiempos, no necesariamente rodeados del aura noble y de alcurnia de ser una "Antigüedad".


Desde allí, me parece, no ha dejado de guerrear un poco, quejándose en contra de las instituciones y su favoritismo; de las políticas editoriales y de las de los así llamados "mass media"; de cómo deciden y ejecutan sus políticas culturales los Municipios y ministerios. Pero, además, Nicolás Jiménez ha seguido escribiendo y produciendo. Fruto de ello es su última novela, de tal vez mil páginas, ¿o más? a la que será difícil tomar la decisión de acercarse. Y antes, han estado sus libros de cuentos.


Hoy nos congrega una nueva edición de su novela Árbol al filo del desierto, que recibiera en el años 2000 el Premio Joaquín Gallegos Lara, que otorga anualmente el Ilustre Municipio de Quito, y que en este relanzamiento cuenta con el auspicio del Fondo de Salvamento de Quito.


Creo que la novela de Nicolás Jiménez tiene algunos aciertos, y uno de los más importantes es potenciar la riqueza del habla quiteña como expresión de la ideología y del carácter de los personajes. En las cartas que las hermanas del Dr. Rafael Aguirre le dirigen, no solo que se advierte las peculiaridades del modo de hablar de los quiteños, con toda su carga emotiva y los matices semánticos que implica, sino que se puede advertir, en el modo de nombrar o de callar, un sistema de ideas que nos hablan de la exclusión, el racismo, l sexismo, la sujeción al poder, el arribismo como los pilares básicos. Al mismo tiempo, los lectores, acechando por detrás del hombro del Dr. Aguirre, leerán las epístolas de por lo menos dos constantes remitentes, cuyas versiones se contradicen entre sí, con lo que la realidad que el destinatario recibe no es homogénea.


Algunos de los rasgos más importantes de las cartas me parecen claves para ingresar a lo que podríamos llamar la subjetividad de una lengua. Así tenemos el uso notable de fórmulas perifrásticas con la posibilidad de futuro, como si afirmarlo fuera un gesto de soberbia (Se dice siempre: "Ha de llegar". "no te ha de hacer mal", en lugar de "llegará", no te hará daño); el reiterado recurso de los diminutivos como señal de humildad, más aparente que verdadera: "Disculpará nomás las tonteritas que te mandamos desde aquí", o de cursilería, como cuando se habla de adultos hechos y derechos bajo la fórmula de los "mamiticos", así como de mayúsculas para exagerar las virtudes de algún objeto o para otorgar a este rasgos espectaculares, como cuando hablan de la "Casa" o de "Nuestra Casita"; los apellidos como determinantes de los nombres propios, para degradar a sus poseedores, como "la Cevallos"; la presencia de quichismos para referirse a personas de rango social o racial "inferior", al nombrar a personajes como "mama Josefina" o la "patalsuelo", o "paspositos", "longuitos nomás"; la elusión constante del sujeto: "van a eliminar puestos en el Ministerio", "lo de la máquina", como si fuera imposible determinar quiénes son los sujetos responsables de las acciones o quiénes están detrás de estas determinaciones casi fatales. Estoy segura de que se podría decir mucho más, y un análisis psicolingüístico riguroso nos entregaría algunos preciosos secretos sobre la correspondencia que estructura buena parte de la novela Árbol al filo del desierto.


Las hermanas del personaje protagonista, el Dr. Aguirre, exilado en Guayaquil por una enfermedad muy grave y tras un síncope, le escriben, pues, como he dicho. reiteradas cartas, con una periodicidad quincenal o semanal, durante un período de tres años. Repetitivas a menudo, presionan sobre el ánimo de este atormentado pecador, padre amoroso y progenitor irresponsable al mismo tiempo, y evocan en esas líneas un pasado idílico que no puede ser: la infancia y juventud cuando "papacito y mamacita" vivían y la casa era la más preciosa de todas.


Se expresan allí como mujeres solas y abandonadas, que echan en falta a un esposo o protector que las socorra en sus contingencias. A su vez, Aguirre, atormentado constantemente por la fe y por la culpa, por la fortaleza de sus convicciones místicas y su apego al mundo y la sensualidad, medita sobre la debilidad que caracteriza a las mujeres, de quienes se conduele. Las ideas del personaje reflejan una mente que siempre está trabajando y que se pregunta, más allá de los lugares comunes, sobre la hondura y el fracaso que a menudo entraña la relación amorosa entre hombres y mujeres. Mientras los personajes femeninos de esta novelas, las viejas señoritas Aguirre, hablan de la necesidad de "colocar" a las mujeres jóvenes de la familia en "buenas casas", el a menudo cínico Rafael Aguirre y su hijo, una especie de doble, analiza el sinnúmero de implicaciones que inciden en hombres y mujeres en la búsqueda de alianzas moral, económica y socialmente convenientes. Otros hechos, como la Guerra Mundial, las catástrofes naturales, el papel de la Iglesia, los giros en la vida política nacional, mostrarán a los lectores diversas facetas ideológicas y morales del personaje, así como su personal crisis y tormentos más íntimos.


Cada vez está más solo y marginado, empobrecido y enfermo, y es objeto de humillaciones. Aquellos, los más débiles, a quienes quisiera brindar su protección, están a la intemperie. Ni sus gestos bondadosos con la poderosa hermana en Quito serán suficientes para librarlo del escarnio. Su cuerpo supura.


Página tras página, los lectores vemos la constante y progresiva destrucción de la céntrica casa de esta otrora familia notable. Junto con las paredes que se cuartean y los techos que se caen y las terrazas que se vienen al piso, se aprecia también la decadencia espiritual de los personajes, pues el hijo malbarata los otrora libros sagrados de su padre, a quien le brotan, cada vez con mayor fuerza, horribles y dolorosos forúnculos. Mientras el Dr. Aguirre recibe cartas de hombres prominentes de la política deseándole mejoras en la salud, y él las responde recomendando en términos profesionales a sus familiares inmediatos, una de sus hermanas se ofrece sexualmente a los virtuales patrocinadores, a cambio de un puesto en la dorada burocracia quiteña. Parece que, a menudo, detrás del lenguaje rimbombante de los personajes, con todos sus circunloquios, eufemismos y fórmulas corteses, se ocultaran las barbas del mismísimo diablo.


Desde Guayaquil, Rafael Aguirre envía mensualmente una cantidad mínima de dinero para un hijo "ilegítimo" que había procreado. Sus hermanas citan al Chiquito para entregarle la dádiva mensual del progenitor, pero Luisa, la "Cara de perro", la más cruel, suelta a Curro, el perro, para que amedrente al niño, porque, ya se sabe, se debe ejercer el poder y castigar a los bastardos, que no han nacido en hogares bien. El narrador nos ofrece, pues, a menudo, las mezquindades del infierno que hay detrás de los preciosos patios quiteños, con sus balcones y sus fragantes geranios. ¡Cuántas veces en las familias quiteñas de abolengo, pero también en las de baja alcurnia, no se ha humillado al expósito, la madre soltera, la criada vieja, el descastado, el que no tiene ojos azules! El narrador procede con una ironía magistral y siempre tiene el talante democrático para ceder la palabra a os innúmeros personajes. Cartas, recortes periodísticos, monólogos interiores, narraciones en tercera persona, fragmentos de reflexiones teológicas sobre las virtudes dela fe: stamos frenta a una novela polifónica valiosa y auténtica.


Casi no hay personaje que no merezca una burla. Casi todos tienen aquí algo ridículo. Aun así, en el caso de algunas mujeres que aparecen por aquí, lo que nos producen las páginas sea indignación y de ningún modo mofa, como cuando sus esposos o "machucantes" oficiales las golpean en la boca hasta hacerlas sangrar o producirles la muerte. Sin concesiones ni delicadeza, de modo implacable, vemos en esta novela a los señores y señoritos en su rol de varones.


En estas páginas hay muchos pecadores y pecados. Dolores, contingencias, enfermedades, muelas que duelen. Al mismo tiempo, homenajes literarios velados y bien trabajados, como a la Biblia, Santo Tomás, el Quijote. Como telón de fondo, la hipocresía social, retratada con un lenguaje sarcástico y ácido. A veces oímos los discursos de la hija elevando la figura del padre o leemos la carta de la hermana hacia el hermano, y es inevitable que recordemos el sinnúmero de disparates y cursilerías que, a menudo, se repiten en la retórica oficial. Por eso nos reímos, si bien muchas veces compasivamente. Desde luego, está presente la hondura psicológica. Aquí están, en estas páginas, los atormentados por sus culpas y por la necesidad de creer. El Dr. Rafael Aguirre crea en estas líneas, sus propios conceptos, a propósito de la Consideración Sexta para el Día de la Novena, "La Fe debe ser Constante":


"Mi fe, que no es mía sino que la das y me la quitas, no era un hecho en el año veintitres, ni lo es ahora enteramente: es un acontecer diario. No tengo otra historia que era de venir. Ahora mismo, cuando mi hija Ana ha sido colocada, como lo fue Salomé, siempre en tu nombre, con mi ausencia no prevista, desespero y mi constancia se desteje como costal viejo. Y Gustavo está peleándose con su mujer por falta de dinero, o sea de amor. La guerra amenaza de lejos y de cerca. ¿Es posible distinguir el camino? ¿entender esta historia tan triste coma la vía que nos proyectará al cielo? Mi camino no es racional, y en él se resume esta esencia: que todo esté en mí y yo soy el camino. Que es como la locura. Toda mi posibilidad está en este acontecer, y Tú estás en la intimidad mía y en la entraña de la Historia... Pero solo el corazón lo sabe. Recibo el don imperativo de la esperanza en tu promesa, que es también desesperación del mundo, el mismo sentimiento en sus dos sentidos. Ya no creo en los hombres; no sé si esto tiene algo que ver con la constancia "


...Y si muchas veces habló con lucidez y dolor valioso, en las últimas páginas lo vemos marchar hacia un final previsible. Los oportunistas descendientes y familiares cercanos terminarán vendiendo al mejor postor la vieja heredad familiar. En el epílogo se nos informa que la casa está convertida en un corral de lodo, con los cuartos útiles para migrantes indígenas y bodegas de cebollas, apestando miserablemente. "Ya no se puede reconocer", dice el narrador con ironía "a la que fuera sede la tradición quiteña". Los descendientes de la familia originaria seguirán trabajando, reproduciéndose, engañando. Al final, se informa de la muerte de la más joven.


Los lectores fuimos invitados a entrar a esta decadente mansión e hicimos viajes con los protagonistas, hacia Guayaquil o El Tingo. Fuimos perseguidos por estafadores, cometimos adulterios, amamos a nuestros padres. Fuimos crueles. Rezamos. Tuvimos fe y la perdimos.









sábado, 13 de noviembre de 2010

Árbol al filo del desierto, novela de Quito por Hernán Rodríguez Castelo

Había una razón para pedirme prólogo para Árbol al filo del desierto de Nicolás Jiménez Mendoza y había idéntica para que yo aceptase tan honroso encargo. Ello es que cuando ejercía las municipales funciones de director metropolitano de Educación, Cultura y Deporte designé jurados para esos premios con que el Municipio distingue los mejores libros de cada año, y, fallados los premios, presidí su proclamación en acto que fue, a diferencia de otras entregas de tales galardones, gratísima reunión de intelectuales y escritores.

Allí sí fue posible hablar de los libros premiados. Y en novela, el premio denominado “Joaquín Gallegos Lara” fue para la novela que aquí prologo. Dije entonces, seguramente pensando en los premios de lírica y novela, que con ellos se había hecho obra de justicia.

Hablé sin papeles aquella tarde y noche. Pero ha quedado grabación radiofónica de lo que dije- Y en un párrafo me hallo diciendo esto: “Desde mi mundo, el mundo de la crítica literaria, debo decir que, cuando conocí el resultado en el que se daba el premio como a la mejor novela de año a Árbol al filo del desierto de Nicolás Jiménez Mendoza, sentí una profunda complacencia porque este libro, con tener la importancia que tiene, no ha recibido en los medios de comunicación mayor atención. Este premio viene a reparar una injusticia, porque esta es una novela importante. Me atrevería a decir que es la gran novela de Quito”.

Casi descomunal el encomio, porque Quito ha estado presente en la novela, de layas diversas, que han ido desde el vago telón de fondo hasta el escenario, u ominoso o nostálgico, desde Pacho Villamar, y, aun antes, la Relación de un veterano de la independencia. Quito revivida, acaso reinventada, hecha de jirones de desvaídos recuerdos o de ráfagas de medrosas seducciones, agobiadora y fascinante…

Quito está presente en esta novela desde la primera carta –porque una de las voces narrantes son cartas que escriben desde Quito al doctor Aguirre, medio exiliado en Guayaquil, sus hermanas. En ella, fechada a 3 de enero de 1937, vemos partir el tren. Y nos imaginamos una de esas bulliciosas locomotoras que salían de la estación de Chimbacalle arrastrando sus vagones de primera, segunda y tercera. Y el cielo. Ese cielo que marca de tan curiosos modos el ser y vivir de las gentes quiteñas: “el cielo de la ciudad acompañó nuestras penas - recuerda la hermana en su carta a Aguirre-, nos llovió incesantemente”.

Debo repetir lo que dije en aquella memorable oportunidad. Que estas cartas son el mayor documento literario que conozco de la vida de Quito. Deben esta condición privilegiada a ese mismo ser cartas, Y a cartas que se escriben desde la cotidianidad para contar lo cotidiano. Por ello su quiteñidad es vivida y se nos comunica en la inmediatez de lo familiar e íntimo. Solo allí podían tener lugar la azotea que, herida de tiempo y lluvias, ha acabado por caerse, y la señora del zaguán que no ha pagado el arriendo, y esa Vienesa en la que se compraban bizcochos y pastas para el hermano al que suponemos goloso como buen quiteño, y la afanosa búsqueda de empleo público para salir de pobrezas…

Se dice por ahí, de uno de los personajes, Gustavo, que “se hizo quiteño peregrinando por la ciudad”. Hay quiteños que se han hecho peregrinando en pintoresca bohemia de cantina en cantina; hay beatas que se han hecho peregrinando de iglesia en iglesia y de cuarenta horas en cuarenta horas; hay las encopetadas damas que han peregrinado de visita en visita, y otros nos hemos hecho peregrinando de librería de viejo en zaguanes atestados de libros y revistas. Del peregrinar a lo largo de un día del señor Bloom por Dublín hizo Joyce una de las obras cumbres de la novela del siglo XX. Ese volver a Ítaca en Odisea antiheroica fue símbolo y signo y testimonio de un mundo que extravió cualquier camino de grandeza.

También cobra alguna dimensión simbólica el Quito de Árbol al filo del desierto y el peregrinar y vagar y andarse a salto de mata y con aldeana avidez de riquezas y placeres de las gentes que habitan la novela. En ello sentimos la obra vecina a las más quiteñas de ese gran cronista épico de Quito que fue Icaza. Pero él, como hombre de teatro que siempre fue, hizo de la ciudad escenario para las andanzas y sueños y perplejidades de la figura más grande que haya hecho la novela quiteña, el chulla Romero y Flores.

Hemos de repetirlo, Quito no es escenario para peripecias de unos personajes en Árbol al filo del desierto. Por supuesto hay esos personajes, y nos interesan sus idas y venidas, participamos de sus necesidades y sus pequeñas aspiraciones, los acompañamos en sus lances eróticos lo mismo que en sus quiteños reumatismos. Pero todo ello viviendo en Quito, respirando su aire, atentos como esos quiteños al dictador que acaba por caerse e intimidados por la inminencia del nuevo golpe militar. Apenas hace falta recordar la fecha en que se escribió la carta que abre la novela: 1937. Estamos en un Quito que fue. En esa gran aldea o pequeña urbe con tranvía que corría traqueteando de Chimbacalle a donde la Colón desembocaba en una “6 de Diciembre” que desde allí hacia el norte pasaba a vía empedrada flanqueada por quintas…

Quiteños y no quiteños –chagras y gringos-, viejos y jóvenes, varones y mujeres. ¡Cuántas lecturas se harán del Quito de Árbol al filo del desierto! Acaso ello sea lo más importante de esta nueva edición de la novela. Solo la literatura tiene esos poderes. Y en la literatura, es privilegio de la novela poder sumergir al lector en un clima, un aire, unos espacios y tiempos. Hacer de él, como dijera tan agudamente Ortega y Gasset, un provinciano transitorio. Esta novela nos hace, sin duda, quiteños transitorios.


Alangasí, junio de 2010

sábado, 4 de septiembre de 2010

"DUENDES DE QUITO" por Juan Montaño Escobar

Este libro de Nicolás Jiménez Mendoza es historia novelada de Quito. O sea, de la Obra. El escritor muestra la ciudad: libertad y largura son un mérito en ese acto, para que ella exprese en boca de personajes de sus calles la quiteñidad. "La vieja Quito, cuya serenidad le viene de siglos. Porque no hay serenidad parecida en el mundo". Y otros personajes que, al parecer, han escogido con sospechosa precisión ciertos acontecimientos de cambio de siglo (y de Gobierno) para ser descubiertos con ojos de poca simpatía (por el autor y por quienes, ya metidos en la lectura, le damos la razón). ¿Esos ojos burlones y terribles de los ciudadanos se justifican? Dicho de otra manera: los duendes ecuatoriales no están en el bando de los buenos.

La obra y los duendes ecuatoriales, narrada por alguien que nació en el centro, y aquella instalación privilegiada beneficia al contador de la epopeya. Nos señala al poder político deshilachado por los mordiscos despiadados del poder económico. Es el banquete caníbal de poderosos, entre ellos devoraron, y la indigestión de los engullidores tuvo al país ecuatorial con dolor de barriga. Nos cayó la dolarización, y el imperio de las gárgolas amenazó con "dejar de considerarlo país, sería un sitio cercano a las islas Galápagos". Un hueco dolarizado en una esquina del mapa de Sudamérica.

El acelerador dolarizador ya estaba a fondo, y uno de los personajes amenaza con desastres bíblicos a Quito si los indígenas, por fin, se la "tomaban". Hubo "la toma", y volvió la calma.

Curiosidad de lector confundido: ¿novela de política o política de novela? Si fuera lo primero, la vida de los personajes no tiene escape; pero si fuera lo segundo, entonces, el escritor inventa desde los inventos de derribo de Gobiernos, especialmente del personaje llamado Abdul Jasir, desventurado presidente que vivía un "ocio terapéutico" en el Palacio Presidencial. Al correr de la novela, sabemos que ese presidente, "absurdamente nocivo", es el alma en pena de un cuerpo reclamado fuera de la Presidencia por enemigos dispares que creían que repartió favores pero, en el reparto, perjudicó a los beneficiarios.

La calle aceptó las denuncias de los desertores de la jorga del presidente Mahafuz, que sus familiares y amigos se largaron del Palacio de Gobierno con costales de billetes al hombro y, de esas calles, saltó a la nación crédula. Nadie lo dudó, y hasta la aritmética del cachondeo dio cifras. In crescendo. "Tampoco necesitó demostraciones de la mariconería de Abdul Jasir para darla por cierta". Se aceptó como criterio inapelable su indefinición múltiple. El narrador se la busca con algunas estrellas del periodismo y les descubre las veleidades de atribuirse la facultad de "tumba Gobiernos". Así es, las voces de las calle compiten con sus mitologías del poder político con las creadas por los medios de comunicación.

Nicolás Jiménez hace una novela monumental y, para facilidad del lector, está dividida en partes y capítulos. Aprovéchenla.
Artículo publicado en Diario Hoy, 28 de Agosto de 2010

ººººº

"La Obra y los duendes ecuatoriales" parece ser esquivada por los críticos oficiales y los autoposicionados de los espacios de opinión en los medios tradicionales. Es impensable que esos "maestros" "villanosecuantos" "decanos" y "decanitos" y demás habladores que cocinan sus artículos a conveniencia y paso a paso, vayan hablar del más importante libro publicado en los últimos tiempos, en el Ecuador. "La Obra y los duendes ecuatoriales", está sobre ellos con sus pesadas casi mil páginas y hasta resulta ridículo que traten de fingir que no lo sienten. Llegará el momento en el que esa pretensión de ignorar la Obra será evidencia de su posición respecto de la seria y verdadera literatura que se ha producido en el último tiempo.
Ediciones Legarda

sábado, 3 de abril de 2010

Eliécer Cárdenas sobre LA OBRA Y LOS DUENDES ECUATORIALES


“Duendes ecuatoriales”

Por : Eliécer Cárdenas


“La obra y los duendes ecuatoriales”, es el título de la voluminosa novela del autor ecuatoriano Nicolás Jiménez, cuyo número de páginas, 859, nada menos, puede ser intimidante para el lector bisoño, pero una delicia, porque la obra es buena, para un voraz consumidor de las páginas impresas. El autor no se encuentra entre los publicitados literatos y literatas, y su obra ha pasado hasta el momento de manera más bien marginal, pero se trata de una novela mayor, como se diría, una especie de “Ulyses” de Joyce a la ecuatoriana, o más bien a la quiteña, en cuyas abundantes páginas el narrador disecciona con humorismo, ironía pero también con amarga pluma la serie de taras, ridiculeces, pillerías, supercherías y timos que aquejan a la “quiteñidad” y de manera más general a todos los “duendes ecuatoriales” sin distingos de color, sexo y religión o política.


Los lectores podrán solazarse pero también indignarse con el esperpéntico recuento de nuestros gobiernos anteriores, el tristemente negro feriado bancario, el régimen de Abdalá, el de Mahuad, las trapisondas y pillerías de la corrupción al parecer sempiterna, con un lenguaje adobado de frases que parecen graffitis expresivos y espléndidos como los siguientes, para simple muestra:


“el poder, como todo vicio, hace padecer a un adicto, el cuerpo siempre pide más”.


“Están de moda las parejas de viejos con polillas, son cómodos y convenientes para ambas partes”.


“Le gusta (a alguien) salir al extranjero a pastar honores indebidos”.


“Dicen los aniñados que la Tecnocumbia ofende al arte y es una moda de marginados proletarios. Se dan de cultitos porque entran para ver pendejadas en los museos”.


Claro que el precio del libro, treinta dólares, nada menos, por desgracia va a inhibir a los auténticos lectores y lectoras de adquirir esta delicia de humor, ingenio, pasión narrativa y gozoso anarquismo anti-sistema. Lamentablemente en nuestro país las librerías son lugares de lujo y entre comprar un libro caro, por más bueno que sea, y solventar otras necesidades, el lector más apasionado tiene que rendirse a las prosaicas realidades de nuestro país de “Duendes ecuatoriales” con sus inequidades, simulaciones, élites y prejuicios de vieja y nueva data.

Fecha de Publicación: 2010-04-03
Diario EL TIEMPO.- Av. Loja y Rodrigo de Triana - Cuenca, Ecuador Telf.: 593-7-2882551 / 593-7-2882552 / 593-7-2882553 Fax: 593-7-2882555 Casilla: 4909

Este diario es miembro de la SIP y de la AEDEP

Crítica de la prensa a LA OBRA Y LOS DUENDES ECUATORIALES a marzo 31 de 2010

Esta audaz novela es obra clave en las letras ecuatorianas contemporáneas y merece la atención de lectores y críticos, tanto dentro como fuera del país...
Peter Thomas El Comercio, Siete días, Febrero 28/2010

La investigación detrás de las condiciones políticas, sociales y económicas descrita en la novela es lo que la dota de un sabor propio, casi adictivo. No se puede dejar de leer hasta haber terminado de jugar a reconocer a los personajes actuales que retrata la historia, separándolos, por supuesto, de los que son ficticios. Es una empresa atrevida la del autor, Nicolás Jiménez Mendoza, pero con un bufé de hechos y crónicas, incluso de 1787, sazonado con comentarios y la apreciación de los males del país, que satisface al lector incisivo se lee sin descansos.
Walter Franco El Telégrafo, Arcadia, Febrero 20/2010

La Obra y los duendes ecuatoriales es el libro del escritor ecuatoriano Nicolás Jiménez Mendoza que se encuentra en circulación. El texto recoge 10 historias y es considerado un testimonio del siglo XX.
HOY, 21 de noviembre/2009

Hay variadas voces que matizan el relato en “la taberna” (sección de la Obra y los duendes ecuatoriales) y se las escucha como al pasar, como si se volteara la atención auditiva hacia varias personas de forma aleatoria y, en medio de pequeños silencios, se recibe una motivación distinta, una nueva razón para concebir a la vida de manera diferente. Por ahí, detrás del coloquio popular se puede escuchar, además, a los grandes cantautores de un género musical que es también popular, la salsa, resonando y de alguna manera uniéndose al contexto político y conversacional: “BLADES: por tu mala maña de irte sin pagar...”
Lector de la Editorial El Conejo

En cuanto a los recursos literarios, aúna magistralmente monólogos, diálogos, descripciones realistas, moviéndose ágilmente en los tiempos del lenguaje, con un acentuado joycianismo tanto en la estructura como en el trazo de unos personajes que, desde su falta de protagonismo social y su acontecer ordinario, proponen líneas plenas de sentido y significado. Esta apelación a Joyce, que se estableció hace mucho en el quehacer artístico del cine, la caricatura, y de la literatura misma, incluyendo, por ejemplo, personajes reales o ficticios en escenarios teatralizados, es utilizada en la novela de Jiménez, que así se integra a la tradición universal, raíz nutricia de la cultura de todos los pueblos.
Comisión lectora de Ediciones Legarda

Obra de buena factura y tino. Leer 859 páginas parece una tarea titánica en estos tiempos de la Web y las redes sociales, pero vale la pena cuando se trata de una novela como La Obra y los duendes ecuatoriales. A la vez que se disfruta del estilo y la yuxtaposición de tiempos y puntos de vista, en las 10 historias, separadas con gracia por sus respectivos signos gráficos, el lector se autolacera reviviendo la historia reciente del país. El eje es el gobierno de Jamil Mahuad, aquí descrito como el Jasirato.
Walter Franco El Telégrafo, Arcadia, Febrero 20/2010

Hay aspectos de la Obra y los duendes ecuatoriales, como su extensión, sus crudeza y complicidad estructural, que podría hacerla exigente para determinados lectores, en cambio son coadyuvantes a sus grandes alcances literarios.
Comisión lectora de Ediciones Legarda

Durante los 19 capítulos del libro, el lector se encontrará con 10 historias que exponen hechos particulares. El escenario es la ciudad de Quito, donde convergen, entre algunos humanos, seres alienados contagiados de deslealtad y voracidad. Los hechos se desarrollan a finales de la década de los noventa, al rededor del gobierno de Mahuad.
El Universo 8 de noviembre/2009

La vida de la nación detallada como en un inmenso mural donde cada cual muestra la intensidad de su vida, episodios dramáticos, escenas de carácter erótico y mordaces cuadros de personajes típicos quiteños. Esto es lo que propone la novela La Obra y los Duendes Ecuatoriales del escritor quiteño Nicolás Jiménez Mendoza. Una obra histórico ficcional...
El Expreso 23 de noviembre/2009

En cuanto a lo espacio-temporal, la historia se desarrolla, en gran parte, a finales de los noventa, en particular alrededor del gobierno de Mahuad. Pero este espacio y este tiempo son, en realidad, un eje donde corvengen las demás historias, pues algunas relatan hechos y crónicas incluso de 1787, atravesados por los comentarios de personajes contemporáneos (Aidé y el doctor Celio Santos, duendes buenos, sea dicho de paso) y su apreciación sobre la herencia burocrática, maligna e hipócrita, que, hasta los presentes días, no es posible sanear. En otras instancias, el discurrir narrativo abarca la historia de algunos personajes desde su niñez, así crecen y se desarrollan, unos fructíferamente, otros devienen malévolos residuos de heredades paternas con sus consecuentes autodestrucciones. La segunda mitad del siglo veinte acogerá las historias de pequeños duendes que irán forjando, bajo distintas condiciones, su destino.
Lector de la Editorial El Conejo

El texto sí propone valores de la legítima cultura popular mestiza, como posibles fuentes de reivindicación nacional.
Peter Thomas El Comercio, Siete Días, febrero 28/2010

En otro diálogo (casi un monólogo) un ecuatoriano aparece contándole a un ciudadano de Baviera, Hans Overbeck, punto por punto, los pormenores de todo lo sucedido en el gobierno y derrocamiento de Mahuad (Jasir Abdul) y toda la maraña de trampas, transas y relaciones de poder que se crearon para confabular en uno de los períodos más nefastos de la historia política del país... De esta manera se produce una polifonía de voces que se alternan para construir varios puntos de vista sobre la “realidad” del país de la época.
Lector de la editorial El Conejo

Sataniza el gobierno de Yamil Mahuad con todos sus altibajos, aciertos, desaciertos, enfrentamientos, sucesos administrativos, compromisos internacionales, retos sociales, etc. Todos los rebuscados vericuetos y cloacas patéticas de sexo no contribuyen a desinhibir la narración ni a inyectarle un espotáneo sabor.
Lectora de la Casa de la Cultura de Quito

A través de sus páginas, desde el ángulo demoledor del futuro, se quita el maquillaje al sistema “democracia”, sus mecanismos, sus trampas maquilladas con ideología. Esta Obra propone una alternativa humanista, antipoder, desde el reconocimiento identitario. Una construcción nacional en planta, permanente creación y búsqueda del sentido de la vida, obra que está en marcha pero lejos de estrenarse plenamente, una esperanza. La denuncia de la falsedad del sistema es implacable y consiste, principalmente, en mostrar, desde ángulos sorprendentes, hechos y protagonistas que aparecieron en los diarios de la época, y los comentarios que, sobre éstos, hicieron otros personajes con cáustico humor quiteño.
Comisión de lectura de Ediciones Legarda

Esta magnífica obra, La Obra y los Duendes Ecuatoriales, relata lo que captan con sus sentidos, ciertas voces heterogéneas, que aportan distintos puntos de vista sobre Quito... Un verdadero homenaje a “La Carita de Dios” es esta obra que, con paciencia y solvencia narrativa nos ayuda a recorrer una ciudad latente y vivaz.
Revista Anaconda. www.revistaanaconda.com

Frente a la insulsa prédica de heroísmos y santidades tan poco probables, el autor de la Obra nos muestra sobre qué fundar nuestra identidad y desarrollar el carácter nacional. A partir de una facetada y profunda imagen de lo que somos, más allá y más acá de las versiones históricas que ya no convencen, de moralismos hipócritas y de los supuestos prototipos de hombres y mujeres, por quienes poco nos sentimos representados, ni en la historia ni en la actualidad; solamente a partir de la presencia lacerante de nuestro origen marcado por el desprecio racial, de nuestra historia de parias que llegan a conquistar solo a medias su propio territorio, será posible que nos construyamos.
Comisión lectora de Ediciones Legarda

En ella, cada relato se puede leer de forma separada, pues funciona con coherencia, como si fueran diez pequeñas novelas que unidas estructuran un contexto capaz de recrear la Ciudad desde sus más heterogéneos testigos. Con un texto muy bien logrado y gran solvencia narrativa, apuesta a convertirse en la novela sobre la Nación.
Revista COSAS, Enero/2010

Este voluminoso libro, estructurado en 4 partes con 19 capítulos es realmente la biografía de una sociedad inestable políticamente, culturalmente pobre y humanamente desorganizada y desorientada. Y esta sociedad es la nuestra, la ecuatoriana.
Lectora de la Casa de la Cultura de Quito

Aparte de la increíbles imaginación y humor que ha utilizado para denunciar al gobierno más corrupto de los últimos años y esclarecer un momento político trascendental del Ecuador en la vida económica del mundo, lo que más me gusta son sus expresiones de amor a la mujer, los personajes femeninos proféticos que me provocan crear imágenes tridimensionales.
Paulina Altuna, pintora y escultora. Suiza.
http://www.queculpatienelaestaca.blogspot.com/

Otro elemento que es importante destacar es que existen en el texto muchos personajes fácilmente reconocibles por determinadas características físicas, funciones en el gobierno e historia pública en general, sin embargo son nombrados a través de pseudónimos... Los mencionados personajes se relacionan con mucho otros que son ficcionales (¿en su totalidad?) y que a través de los pseudónimos se confunden e interaccionan con ellos. Otro gran logro de esta novela.
Lector de la editorial El Conejo

El autor matiza la trama con episodios eróticos, escenas de carácter histórico y mordaces cuadros de gente que jugó un rol especial en su vida, maestros, condiscípulos, vecinos, amigos de taberna y mujeres de toda condición; no se escapan curas morbosos, burócratas corruptos y políticos desatinados.
Lectora de la Casa de la Cultura Ecuatoriana de Quito

Con “La Obra y los Duendes Ecuatoriales” los ecuatorianos que no van a sentirse ofendidos son pocos. La novela vitupera a gran parte de sus lectores y simpatizantes potenciales y me pregunto cuántos de los que no rechazan la obra, por esta razón, van a tener la fortaleza de terminar sus 859 páginas.
Peter Thomas El Comercio, Siete Días, Febrero 28/2010

Es una novela de gran extensión, tiene 859 páginas, está dividida en cuatro partes, consta de 19 capítulos y 10 historias, en la que narra la vida histórica y política de la nación a finales de los 90, como un inmenso mural en el que no falta nadie y todos tienen voz... El escenario principal de la novela es Quito. El autor utiliza seudónimos para descubrir a personajes de la política, vinculados a medios de comunicación, a la institución católica, a la empresa privada y pública o al extranjero.
El Tiempo. Cuenca.28 de noviembre/2009

Coincido con su autor cuando me decía que su libro es original y tiene características particulares importantes y destacables, pero es también dinamita, porque compromete a mucha gente viva y curiosamente también compromete a mucha gente vivísima y a pocos héroes muertos, de los que es fácil hablar bien. En su mayoría, los personajes tienen curiosos, aunque bastante obvios, sobrenombres que nos permiten identificarlos... muchas de las historias se desarrollan en la época del ex presidente Mahuad, justo cuando empezaron a ser públicos los problemas de la crisis bancaria en el país... El libro de Jiménez es un texto cuya lectura debo recomendar.
César Coronel HOY, 27 de enero /2010

Nicolás Jiménez, hijo, ha publicado la novela “La obra y los duendes ecuatoriales”, de 859 páginas. Jiménez Mendoza es escritor, filósofo, anticuario y artesano, nacido en la invasión del Perú, el año 1941. El autor se queja de los apagones que ha sufrido esta novela de parte de la intelligentsia de Quito.
Simón Espinoza. Windows.HOY, 7 de noviembre/2009

La Obra y los duendes ecuatoriales ofrece una tétrica visión del país del milenio, como desastrosa manifestación de falta de solidaridad “longuista” y despilfarro neoliberal manipulado por bancos, los medios de comunicación y sus allegados tanto nacionales como del norte.
Peter Thomas Universidad de Carolina del Norte, USA

Coincidencialmente, muchos personajes de mi novela se parecen demasiado a las autoridades y periodistas a los que tuve que recurrir para publicar el libro y, claro, la respuesta no pudo ser otra que “no”.
El Autor El Telégrafo, noviembre 25/2009

Una novela con signo político es La Obra y los duendes ecuatoriales, del autor Nicolás Jiménez Mendoza. En total son 10 historias con sus respectivos signos gráficos, sus narradores y sus hechos particulares, las que conforman esta novela. Se recrea el gobierno de Mahuad.
El Comercio diciembre 5/2009

Por fin aparece un libro como este, que es ante todo una novela histórica, pero llama al pan pan y al vino vino, tiene propuestas de libertad y no evade la triste realidad, sus protagonistas son concretos y reconocibles hasta por los más desentendidos. Su trama es intensa y fuerte, como la historia, y expuesta además con poderosa literatura. Leerla nos lleva de la risa al llanto, porque Jiménez ha manejado el humor y la ironía con originalidad y talento.
Comisión lectora de Ediciones Legarda

La última obra de Nicolás Jiménez Mendoza, intitulada “La obra y los duendes ecuatoriales” es una novela de ficción histórica, que analiza los vericuetos del poder, despelleja al gobierno de Mahuad y sus movidas. Quienes vivimos en Quito, extraña ciudad de importancia política en los Andes desde lo aborigen y colonial, evocamos en su narración y comportamiento de sus personajes, la pintura auténtica con fácil identificación de los actores políticos, pese a sus satíricos seudónimos.
Eduardo Naranjo C. LA HORA, 22 de enro/2009
Mucha gente inteligente, buena y necesitada sabrá aprovechar los contenidos de esta maravillosa novela de nuestro país, ¡por fin una novela auténtica que muestra el potencial de nuestro pueblo! Y si las autoridades encargadas de las promociones culturales no se manifiestan cooperativas, parece justo seguir desnudándoles para mostrar sus sinvergüenzas motivaciones.
Paulina Altuna, pintora y escultora. Suiza.
http://www.queculpatienelaestaca.blogspot.com/

La desconfianza, la deslealtad y la corrupción, en sí mismas, se han convertido en una condición tanto heredada como adquirirda, “la longuitud” de ser “longo” no se refiere a una cuestión racial per se, es, más bien, una muestra de antiguas condicionantes que hacen del ecuatoriano un ser codicioso, un vivo, un sapo. Se explica en algunos fragmentos cómo el mestizo, bastardo en su génesis, desconfía de sus propios padres, debe hallar un lugar, un espacio pues no pertenece ni a blancos ni a indios. Su búsqueda de nobleza a través del dinero se va transformando en una obseción por el dinero que se manifiesta hasta los presentes días, donde longos reiteran su modesta ambición de arribar, “empujando, polucionando, dañando”.
Lector de la editorial El Conejo

La novela de Jiménez nos presenta en extenso la vida del chulla quiteño que realmente existió, su biografía, para decirnos que encarna la clase media de la nación mestiza, el hombre que es de determinada manera porque quiere ser de otra. El chulla quiteño que nos presenta la Obra no deviene del folklore, ni del rumor tradicional, sino de la realidad. Allí están Plinio López, el Mosquito Yerovi, Fausto González, César Pardo, el Terrible Martínez..., protagonistas de la vida quiteña.
Comisión lectora de Ediciones Legarda

La Obra y los duendes ecuatoriales, texto totalizador, es otro ejemplo por excelencia del género de la novela “quiteña” en que la ciudad desempeña una función casi protagónica.
Peter Thomas El Comercio, Siete Días. Febrero 28/2010

sábado, 13 de marzo de 2010

LA PINTORA y ESCULTORA PAULINA ALTUNA HABLA SOBRE MI LITERATURA Y OTRAS COSAS



Estimadísimo Sr. Jiménez, me permito enviarle unas pocas líneas para expresarle mi felicitación por esta novela: la Obra y los duendes ecuatoriales. La he leído pausadamente para no perderme de nada. Al final con tristeza iba viendo que se acababan las páginas, pues gracias a la extensión se me hizo dulce rutina participar de su literatura.


Aparte de la increíble imaginación y humor que ha utilizado para denunciar al gobierno más corrupto de los últimos años y esclarecer un momento político trascendental del Ecuador en la vida económica del mundo, lo que más me gusta son sus expresiones de amor a la mujer, los personajes femeninos proféticos que me provocan crear imágenes tridimensionales.


Sus personajes están cargados de humanidad. Los contrastes de la mediocridad frente a la belleza me han incitado a buscar algo mejor de lo que tengo, de lo que soy. La esperanza!. Después de dejar acentada nuestra identidad lo que provoca su libro es creer y crear. Tendrá que ser lectura obligatoria para todo ecuatoriano e interesado en nuestra verdad, digo verdad y no realidad (esa que está en las noticias locales y extranjeras), pues su libro deja clara la diferencia. Como antes, hoy, su presencia y la fuerza de su obra son para mi una guía.


Agradezco infinitamente a Dios el tenerlo en mi vida. Le agradezco infinitamente a usted por sus comentarios sobre mí, sobre mi esposo y sobre mi trabajo. Mi trabajo que se originó en el cálido espacio por usted creado en el taller Legarda, influida por el profundo compromiso constructor que nos imponía su ejemplo y su quehacer. Envuelta en la ternura y alegría de Rita, mi maestra de modelado y todo lo demàs!. La participación de mi esposo y la mía en la publicación de esta gran obra, fue solo un gesto de reciprocidad a su trabajo de siempre. Algo natural entre personas agradecidas.
Le deseo todo lo mejor en la promoción de la obra y estoy segura que hay mucha gente inteligente, buena y necesitada que sabrá aprovechar los contenidos de esta maravillosa novela de nuestro país, por fin una novela auténtica que muestra el potencial de nuestro pueblo!. Y si las autoridades encargadas de las promociones culturales no se manifiestan cooperativas, me parece justo seguir desnudándoles para mostrar sus sinvergüenzas motivos de posponer el desarrollo de nuestro país. En todo caso, siempre nos arreglaremos para mostrar la belleza.


Un abrazo muy grande a la distancia.

Paulina




Querida Paulina :
Usted me abruma con los elogios que hace a la Obra, buena parte de ellos se debe a su generosidad. Si bien creo que el valor de mi trabajo es relativo, confirmo y creo que la condición de los burócratas de la cultura oficial y ciertos desconcertados o envidiosos críticos, la opinión que usted tiene es muy justa y la confirmo plenamente.

Como usted es una gran artista, una creadora infatigable, con una obra madura que los críticos anquilosados y mediocres no se han detenido a ver, sabe que hacer nuevas las cosas, ser original y veraz, cuesta mucho. Le agradezco su amorosa comprensión. Usted sabe que Rita y yo, guardamos para usted y su familia un aprecio inconmesurable y la gratitud que usted menciona de la gente sana.
Nicolás

martes, 9 de marzo de 2010

LA OBRA Y LOS DUENDES ECUATORIALES : OBRA DE BUENA FACTURA Y TINO / El Telégrafo

Sección ARCADIA - Deletreo - 20 de febrero de 2010



Leer 859 páginas parece una tarea titánica en estos tiempos de la web y las redes sociales, pero vale la pena cuando se trata de una novela como La Obra y los Duendes Ecuatoriales. A la vez que se disfruta el estilo y la yuxtaposición de tiempos y puntos de vista en las 10 historias, separadas con gracia por sus respectivos signos gráficos, el lector se autolacera reviviendo la historia reciente del país. El eje es el gobierno de Jamil Mahuad, aquí descrito como el Jasirato.


Sin embargo, la investigación detrás de las condiciones políticas, sociales y económicas descrita en la novela es lo que la dota de un sabor propio, casi adictivo. No se puede dejar de leer hasta haber terminado de jugar a reconocer a los personajes actuales que retrata la historia, separándolos, por supuesto, de los que son ficticios. Es una empresa atrevida la del autor, Nicolás Jiménez Mendoza, pero con un bufé de hechos y crónicas, incluso de 1787, sazonado con los comentarios y la apreciación de los males del país, que satisface al lector incisivo. Se lee sin descansos.


Al final se puede iniciar lo que será la historia 11. (Walter Franco)


lunes, 8 de marzo de 2010

LA OBRA Y LOS DUENDES ECUATORIALES / Peter Thomas en El Comercio, Revista Siete Días, Domingo 1 de Marzo de 2010

Peter Thomas .- Crítico y catedrático. Profesor de Literatura de la Universidad de Carolina del Norte - Wilmington. Miembro de la Asociación de Ecuatorianistas, un grupo de académicos estadounidenses y ecuatorianos que se dedica a estudiar nuestra literatura.

En artículos anteriores he criticado a novelistas que escriben con el propósito de vender al máximo sus obras a lectores perezosos o a los no dispuestos a exponerse a textos que les incomoden.

Es un criterio que no se puede aplicar a Nicolás Jiménez Mendoza, autor quiteño de la recién pubicada 'La obra y los duendes ecuatoriales'. Los ecuatorianos que no van a sentirse ofendidos-a menudo de manera personal con nombres apenas ficticios - son pocos.

La novela vitupera a gran parte de sus lectores y simpatizantes potenciales y me pregunto cuántos de los que no rechazan la obra por esa razón van a tener la fortaleza de terminar sus 859 páginas. Otro serio obstáculo de recepción de La obra. (si al autor le interesa): es un libro que desafortunadamente dudo que vaya a atraer a muchos lectores que no sean ecuatorianos y, aun para los más empedernidos de estos, creo que sus muchas repeticiones y despliegue de detalles minuciosos van a hartar.

La obra..., texto "totalizador" , es otro ejemplo por excelencia del género de la novela "quiteña" en que la ciudad desempeña una función casi protagónica, como en otras dos de las obras ecuatorianas que más me han gustado en años recientes, 'El palacio del Diablo' de Modesto Ponce y 'La guerra de la funeraria' de Byron Rodríguez V.

Se narra en fragmentos de contrapunto y es más que nada una crítica feroz del mandato de Mahuad como apoteosis de incompetencia y corrupción. Sin embargo, el texto sí propone valores de la legítima cultura popular mestiza como posibles fuentes de reivindicación nacional.

Dejo a los ecuatorianos decidir si el retrato que presenta el autor de ellos sea justo o no. Lo que sí digo es que esta audaz, pero tal vez demasiado ambiciosa novela, es obra clave en las letras ecuatorianas contemporáneas y que merece la atención de lectores y críticos, tanto dentro como fuera del país que temo es poco probable que reciba. Ojalá que esté equivocado.

viernes, 29 de enero de 2010

DUENDES DE LOS NOVENTA Y JÓVENES DEL SIGLO XXI / César Coronel en Diario HOY

Como editorialista de este Diario, he tenido la satisfacción de conocer a muchas personas, quienes en varias ocasiones me han hecho llegar libros, artículos y una serie de sugerencias que han alimentado muchas de las columnas que ustedes leen cada miércoles.


A finales de 2009, recibí un paquete que pesaba bastante y venía de la ciudad capital. Era un libro que me obsequiaba el destacado escritor y filósofo quiteño Nicolás Jiménez. El título de la novela me intereso bastante La Obra y los duendes ecuatoriales. Como no podía ser de otra manera, en ese fin de semana empecé a sumergirme en tan interesante lectura.


Esta novela me hizo recordar muchas de las cosas que sucedieron cuando yo era un niño, los hechos de hace 10 diez años de la crisis económica de 1999 e inicios de 2000, que hasta ahora nos siguen afectando en todos los ámbitos de nuestra vida y que esta semanas volvieron a ser noticia.


Coincido con su autor cuando me decía que libro es original y tiene características particulares importantes y destacables, pero es también dinamita, porque compromete a mucha gente viva y curiosamente también compromete a mucha gente vivísima y a pocos héroes muertos de los que es fácil hablar bien.


En su mayoría, los personajes tienen curiosos, aunque bastante obvios sobrenombres que nos permiten identificarlos.Hay muy pocas partes del libro con las cuales no coincido, quizás porque tenemos distintas formas de ver las cosas.


La ciudad de Quito es el escenario de la mayoría de los acontecimientos, muchas de las historias se desarrollan en la época del expresidente Mahuad, justo cuando empezaron a ser públicos los problemas de la crisis bancaria en el país.


Sin duda, esta obra de casi 900 páginas no puede ser resumida en este espacio, pero debo decir que las 10 historias que componen el libro son todas bastante interesantes y, sin importar cuál sea su ideología, resulta importante recordar muchas de las cosas que nos han pasado o que otros han tenido que vivir.El libro de Jiménez es un texto cuya lectura debo recomendar.


Cambiando de tema, no puedo dejar de expresar mi preocupación ante la noticia de que el destino de la educación de miles de jóvenes bachilleres depende de un sorteo: es que ahora con la revolución ciudadana, solo estudia el que tiene suerte.En las universidades del país nos están sorteando los cupos para podernos educar y se está dejando al azar nuestro futuro. ¿Fue esa revolución por la que votamos?


Este Gobierno debería dejar de destruir lo que está funcionando bien, como el PAP en Guayaquil, y debería empezar a atender con más fuerza las áreas en las que tiene grandes fallas como la educación y la salud.


Nos han vendido un cuento, que "este es el Gobierno de los jóvenes". Yo no lo creo. Es que ahora los jóvenes no podemos estudiar y tampoco podemos trabajar.Nuestra suerte ha sido echada al azar y nuestras esperanzas de un cambio y un futuro mejor las han destruido los fracasados del siglo XXI.


Montalvo decía:"Maldito el pueblo donde los jóvenes son humildes con el tirano".¿No creen que ya es hora de vencer el miedo y hacer temblar al tirano?


Tomado de Diario HOY, Miércoles 27 de enero de 2010, Sección Perspectivas, pág. 4

lunes, 25 de enero de 2010

ESCRITORES MARGINADOS / Eduardo F. Naranjo C.

Construir un mensaje que llegue al mayor número de personas es el interés básico de un escritor. Hay diferencia entre aquellos que buscan descarnar la maraña infernal de la sociedad humana, mostrando el mundo como es y clamando justicia; otros siguen el "pedido del mercado", que es banal, pero sí redituable. Ambos casos crean arte construyendo imágenes que ensamblan realidades con ilusiones.
Los primeros, raras veces alcanzan fama, pero su mensaje queda y algún rato despertará conciencias. La última obra de Nicolás Jiménez Mendoza, intitulada "La obra y los duendes ecuatoriales", es una novela de ficción histórica, que analiza los vericuetos del poder, despelleja al gobierno de Mahuad y sus movidas.
Quienes vivimos en Quito, extraña ciudad de importancia política en los Andes desde lo aborigen y colonial, evocamos en su narración y comportamiento de sus personajes, una pintura auténtica con fácil identificación de los actores políticos, pese a sus satíricos seudónimos.
El autor intercala transcripciones de actas coloniales, que muestran contrastadamente, el proceso social, el mestizaje y sus relaciones con el poder. Jiménez escribe extensa e intensamente y a través de sus personajes, propone, recuerda y critica la impavidez de nuestra realidad.
Las editoriales escogen unos escritores para promoverlos, a veces con novelas ligeras y cursis y no a otros, que como Jiménez, golpean con la realidad social ecuatoriana. Hombre de empeño a pulso publicó esta última obra, que a pesar de la vivacidad narrativa tiene el defecto de ser voluminosa, para un momento en el que la gente lee cada vez menos. El tiempo, sin embargo, captura la esencia de lo bueno, lo mantiene y lo trasciende.
(Tomado de Diario La Hora, Quito - Ecuador, Viernes 22 de enero de 2010, Opinión, pág. A6)

sábado, 16 de enero de 2010

Comentarios sobre "LA OBRA Y LOS DUENDES ECUATORIALES" hechos por familiares, amigos y conocidos

"Es una bomba, no terrorista sino desinfectante, que no podrán impedir que estalle, más temprano que tarde. Felicitaciones."
Ricardo G.

"Cuando la leí en borrador pensé que nadie se atrevería a editarla, salvo usted mismo, y tuve razón."
Ing. Merlín ...

"Solo un escritor marginal, casi desconocido, sin nada que perder, como tú podía escribir una novela como esa, donde se muestra, por ejemplo, que el gran icono de la cultura nacional del siglo XX fue constituído como tal artificiosamente. Habiendo sido un buen poeta por los años cincuenta, en adelante fue mal escritor de prosa, padre irresponsable y oportunista político durante medio siglo, llegando a ser insigne mahuadista y escritor de alquiler. Cosas como esta no se deben decir en un mundo de fariseos como el nuestro. Cuídate."
Tito

"Para el mediocre ambiente intelectual que tenemos son necesarios los ritos y cultos semiacadémicos, los íconos protectores, el famoseo mutuo. Tu libro debe estar sentándoles muy mal a los de siempre, pues es un baño de verdad."
Tito

"Estupefacto ante un libro tan original y poderoso, voy a tomarme el tiempo necesario para opinar sobre él."
D.O.C.

"Leyéndola pensé: con razón no querían publicarla."
Dr. J.C.T.

"Qué libro tan grande para nomás de decir que somos longos."
Amiga de Paulina

"Ironiza los hechos políticos, sus miserias y corrupciones morales, la quiebra del sistema financiero, el desprestigio de los medios de comunicación, la vida citadina, las costumbres y cotidiano ritmo de ciertas familias notables de la capital"
Lectora de la Casa de la Cultura

Contiene "rebuscados vericuetos y cloacas patéticas de sexo"
Lectora de la Casa de la Cultura

"Es realmente la biografía de una sociedad inestable políticamente, culturalmente pobre y humanamente desorganizada y desorientada. Y esta sociedad es la nuestra, la ecuatoriana."
Lectora de la Casa de la Cultura

"Te quejas porque los medios no han hecho un acontecimiento de la publicación de La Obra y los duendes ecuatoriales. No debería admirarte que a tu novela la hayan recibido con temor y desconcierto. Ha pasado siempre con lo verdaderamente nuevo y renovador. Ya verás que poco a poco los tímidos comenzarán a hablar de tu novela, no les quedará más remedio."
Alfonso O. Z.

"Nada hay en la historia de la literatura ecuatoriana que se parezca a tu novela, cuando menos esto queda establecido. Gracias por hacerme conocer tu trabajo."
Teresa C.

"Han dicho que tu novela es "histórica" y "política". Creo que política sí es, pero en cuanto novela no puede ser propiamente histórica. Los personajes de La Obra y los duendes ecuatoriales tienen nombres, apellidos y apodos lo más graciosos, pero se parecen extraordinariamente a febres corderos, borjas, duranballenes, mahuades, alarcones, bucarames, moncayos, vivancos, sevillas, moelleres, adoumes (padres e hijas), guayasamines, etc; conocidos periodistas de radio, prensa y televisión, burócratas nacionales y municipales, diputados, gente de la cultura, banqueros... Están todos, unos caricaturizados, otros denostados, otros simplemente retratados porque es suficiente y merecido. Están todos, en casi novecientas páginas de extensión, pero bajo otros nombres. Por tanto no se trata de historia sino de ficción y así puedes declararte inocente."
Pablo J.

"Tu libro pasa a la historia porque pasa. "Es un monstruo grande y pisa fuerte". Bien hecho Nicolás, felicitaciones."
Paco B.O.

"Soy un buen lector de novelas, pero la suya no leeré, es muy larga"
Dr. Ayala M.

"Es admirable su novela, pero lo es más la reciedumbre con que logró que se llegue a publicarla, venciendo tanta oposición y exclusión."
L.Cueva

"Nadie ha escrito tan acertadamente sobre el chulla quiteño, el que verdaderamente existió como símbolo de la clase media quiteña en cuanto a su particular cultura."
E.Salazar T.

"Posiblemente tu novela se convierta en uno más de los "libros malditos" por obra de la mala conciencia social que evita a toda costa mirarse tal como es."
Marco R. O.

"No podías esperar que te publiquen los mismos a quienes insultas en ese libro."
A.U.

"Sataniza al gobierno de Yamil Mahuad con todos sus altibajos, aciertos, desaciertos, enfrentamientos, sucesos administrativos, compromisos internacionales, retos sociales, etc."
Lectora de la Casa de la Cultura

"Tu novela enaltece en grado sumo a la mujer, personajes como Irene Cruz, Virginia, Aydé Izaguirre, Manuelita, Justina y otras, representan la gran feminidad nacional en todos los aspectos principalmente intelectual y moral, pero al mismo tiempo en Pancha Molestina y en Samira Saud, quienes se parecen a algunas de la vida real, maltratas mucho a la mujer, mostrando crudamente su degradación."
Eugenia M.

"Tengo curiosidad por saber que opinarán de un tema tan comprometedor como es tu novela, aquellos que aparentan tener voz propia y altisonante, cuando en realidad cumplen consignas de sus patrones. Ahora que hay alaraca a favor de la libertad de expresión, vamos a ver si lo que tu expresas tan extraordinariamente es tan bien acogido como tanto tema frívolo."
Pedro J.